"¡De modo que voy camino del trabajo, me paro a ver cómo una paloma se pelea con una rata en la nieve y un gilipollas intenta atracarme! Naturalmente tiene una pistola. Se me acerca por detrás y me la clava en la base del cráneo. Está fría, y en realidad produce una sensación agradable, como de digitopuntura.
-Tranquilo, doctor- me sugiere.
Lo que explica todo al menos. Incluso a las cinco de la mañana, no soy la clase de tío al que se le suele atracar. Soy como una estatua de estibador plantada en la Isla de Pascua. Pero el capullo me ve bajo el abrigo los pantalones azules del pijama sanitario y los zuecos de plástico verde perforados, así que piensa que debo llevar drogas y dinero encima. Y que a lo mejor he hecho alguna especie de juramento de no patearle su culo de tonto del culo por tratar de asaltarme.
Apenas tengo drogas y dinero suficiente para pasar el día. Y el único juramento que he hecho, según recuerdo, es el de no tener propósito de hacer daño. Me parece que ya hemos pasado de ese punto."

Este es un fragmento de la novela que comencé a leer el otro día.
Se trata del debut novelístico de Josh Bazell, médico y escritor estadounidense. Nuestro personaje principal es un médico que estuvo implicado en la corrupción, un tipo duro y endiabladamente divertido.
Aquí os dejo algunas de las expresiones más sensacionales del Dr. Brown y que resumen a la perfección su filosofía:
Dextrosa: En los hospitales, la mayor parte de botellas de agua contiene un cinco por ciento de dextrosa. Es para evitar que la frase un puto litro de agua: 35 dólares aparezca en la factura.
Lesión: Es un término nada específico pero sumamente útil (porque suena como a cráter de pus) para designar cualquier anormalidad.
Moxfane: Es el medicamento que dan a los pilotos de bombarderos que tienen que despegar de Michigan, bombardear Iraq y hacer el vuelo de regreso sin escalas. Se pueden tragar o utilizarse para que el motor siga en marcha.
Tarjeta Jota: Los "Tarjetas Jotas" son doctores de facultades extranjeras cuyos visados pueden ser rescindidos en caso de no tener contento al director de residentes. Otro término válido que se les puede aplicar es el de "esclavos".
Esta novela, letal y apasionante, trata desde el ajetreo diario en un hospital, pasando por las carencias que tiene el sistema sanitario americano, hasta temas como la Segunda Guerra Mundial en el escenario de Auschwitz (campo de concentración donde estuvieron recluidos sus abuelos siendo jóvenes).
Este último tema, para todos aquellos que nos interesamos profundamente en lo qué sucedió durante el Holocausto, nos ofrece un testimonio muy valioso. Refleja perfectamente el sentimiento, el pensamiento y el dolor que se siente en una visita a Auschwitz y, no es nada fácil describir ese silencio y ese aire que se respira, pues por experiencia propia sé de lo que hablo desde que visité el campo de Struthof-Natzweiler.
Muchísima gente piensa, hoy en día, que el Holocausto ya queda muy lejos y que está casi olvidado. No es verdad. Pero aún lo más lamentable, es que hablamos en muchas ocasiones, como refiriéndonos a algo antiguo, abandonado e inexistente (términos que no podemos utilizar si nos referimos al racismo y a la xenofobia, tan existentes por entonces como ahora).

En España abundan las personas con prejuicios y rechazo hacia los extranjeros; lamentablemente
5 personas de cada 10 son racistas y xenófobas, de las que exigen poder elegir colegio o médico delante de un extranjero afincado legalmente en nuestro país, con papeles, trabajando y cotizando en la Seguridad Social.
Se estima que un porcentaje parecido lo sea sin reconocerlo y/o sin saberlo.
Hay pocas cosas que tengan tópicos tan arraigados e incrustados como el fenómeno de la inmigración en España. Hay ideas tan enquistadas en el subconsciente de nuestra sociedad, que es realmente difícil extirparlas. Y lamentablemente, todas ellas, nos están convirtiendo a pasos agigantados en una sociedad xenófoba.
Tópico nº1: Nos invaden.
El mensaje que nos están transmitiendo los medios es falso y alarmante: nos invaden cientos de pateras. No es cierto. El peso estadístico de los inmigrantes que vienen en pateras o cayucos es casi despreciable pese a la desproporcionada atención que prestan los medios de comunicación (representan menos del 1% del total).
Tópico nº 2: Con la llegada de inmigrantes, España es un país más inseguro.
Según los datos oficiales del Ministerio del Interior, el número de delitos por habitante en nuestro país ha descendido un 22,7% entre 2002 y 2006, años en los que la inmigración creció un 86,5%. La dinámica real no coincide con las percepciones sociales.
Si no contamos a los presos preventivos, turistas y extranjeros de paso (grupos que entran en las estadísticas), la proporción de inmigrantes detenidos se reduce más de la mitad y alcanza una tasa muy próxima a su peso poblacional.
Tópico nº 3: Delinquen por necesidad. Llegan sin nada y roban.
Un macroestudio del INE demuestra que el 75% de los inmigrantes estaba trabajando en su país de origen antes de decidir venir a España. Esto destruye el tópico de que no tienen nada y por eso vienen.
Este mismo estudio revela que los inmigrantes tienen un nivel educativo similar al de la población española. Un 59% han acabado los estudios de secundaria y un 20% tienen titulación superior. En el grupo con peor calificación, los africanos, el 75% han acabado la primaria.
El problema se puede achacar a la lentitud administrativa a la hora de homologar los títulos y, por esa lentitud burocrática se da la situación de profesionales no reconocidos.
Una cosa es que trabajen en empleos de baja cualificación y otra que su formación o estudios lo sean.
Tópico nº 4: Nos quitan el trabajo.
No sólo es falso, sino que pujan a empleos inferiores a su preparación en más de la mitad de los casos. Además, si el discurso era que se necesitaba obra de mano extranjera para que el español pudiera dejar de ensuciarse las manos, ¿por qué ahora son ellos el primer objetivo a culpar en tiempos de crisis? Ni antes se necesitaba explotarlos como se explotaron, ni ahora sobran.
Forman parte del sistema, para lo bueno y para lo malo, y tienen los mismos derechos y deberes que el resto de conciudadanos, nacidos aquí o fuera.
Tópico nº 5: Tienen más ayudas.
La discriminación positiva para con los sectores más desfavorecidos es criticable, pero no por cuestiones de nacionalidad. Facilitar el acceso a una vivienda o a un trabajo a un inmigrante es una manera de ayudar en su integración, al igual que a su inserción y a la ausencia de problema sociales.
Yo me establecí en Francia en el 2001 y por el ASSEDIC (Inem en Francia) me pagaban unos 350 euros para ayudarme mientras encontraba empleo; me facilitaron un listado de ayudas tanto de vivienda, como por hijos para que solicitara todas aquellas en las que reunía los requisitos. En el momento me establecí esas ayudas pasaron a beneficiar a otra persona en mi situación anterior. Y se agradece esas ayudas cuando inicias una nueva vida, eso lo puedo asegurar.
Tópico nº 6: Saturan los servicios sociales.
¿De dónde salió esta creencia? Pues ni idea. Que la Sanidad pública esté saturada no lo pongo en duda, pero que sea a causa de los inmigrantes, sí.
Enrique Regidor, del Departamento de Medicina Preventiva, Salud Pública e Historia de la Ciencia de la Universidad Complutense de Madrid, explicó que "en líneas generales, la población inmigrante en España utiliza los servicios sanitarios con menos frecuencia que la autóctona, al igual que ocurre en otros países." Toda la verdad sea dicha.
Si la Sanidad está mal, que se culpe a quien se tenga que culpar, no a los de siempre.
Tópico nº 7: Los españoles emigrábamos, pero con contrato y tr
abajo.
Completamente falso. Yo misma me fui sin empleo alguno.
Blanca Sánchez Alonso, profesora de la Universidad CEU San Pablo, desmiente esta creencia y afirma, que sólo la mitad de los emigrantes españoles de los años 60 y 70 eran "legales" pues lo hicieron a través de la vía establecida por el Gobierno, el resto podemos deducir que la otra mitad emigró sin contrato y de forma ilegal.
Tópico nº 8: El tratamiento de los medios de comunicación y el mensaje de los políticos.
Más que un tópico, es una costumbre.
En el momento llega una patera a nuestro país se emocionan con titulares de "oleada" (titutal que sustituyó al excesivo y políticamente poco correcto "avalancha").
La cifra de inmigrantes que lleguen en una patera no importa, siempre irá precedida de la palabra "oleada", sean 13, 25, 50, 100...
Pondré dos buenos ejemplos:
"El Mundo", un día después de la llegada de los 239 inmigrantes, titulaba que los centros de internamiento de inmigrantes en Canarias estaban colapsados.
Este titular es totalmente falso. Los centros de internamiento no están saturados y, menos colapsados. Ni siquiera tienen una ocupación alta.
En concreto, ese mismo día, los tres centros que existen en la isla estaban acogiendo a 1.419 personas, por las 2.637 plazas de las que disponen.
Más aun: el centro de Hoya Fría fue el que acogió la "oleada" de 239, haciendo aumentar la cifra de los que retiene a 349, cuando su capacidad es de 1.200. Es decir, la llegada del mayor cayuco de la historia de Canarias es una insignificancia para estos centros, y ya ni hablemos de los que supone para un país...
Eso sí, el titular de "oleada" y el "colapso" de los centros bien marcadito en el titular para recordar el tópico de que "nos invaden".
"El País" tampoco se libra. El mismo día sacaba este artículo. "Miles de "sin papeles" esperan en Nuadibú para saltar a Canarias". Nuadibú es una ciudad costera al norte de Mauritania desde donde parten la mayoría de los cayucos que llegan a Canarias. No pongo en duda que así sea. De hecho, es verdad que muchos senegaleses y guineanos emigran ilegalmente primero a Mauritania, donde malviven en los barrios de Nuadibú, para después coger un cayuco que les lleve a España. Esos días TVE emitió un reportaje sobre la situación de estas personas, recorriendo algunos barrios de la ciudad y entrevistándolos. Sin embargo, la noticia de "El País" basa su argumentación en el primer párrafo: “El centro de retención de Nuadibú, donde son recluidos los inmigrantes irregulares que las autoridades de Mauritania capturan en redadas y controles realizados en las calles y en el puerto pesquero, alberga actualmente a 620 internos, más del doble de los habituales”. Mentira. Ese día concreto, el centro de retención de inmigrantes de Nuadibú tenía retenidas, atención, a dos personas en su centro. Y el día anterior había retenido a seis. Ni siquiera la cifra de 620 se corresponde a los inmigrantes totales retenidos en septiembre, ya que fueron muchos menos. 620, según cuenta la coordinadora española de este centro de la Cruz Roja, son los inmigrantes retenidos durante todo agosto. “Una cifra más alta de la habitual”, cuenta, pero que no supuso ninguna "oleada" de cayucos entonces. Además, Cruz Roja explica que no esperan ninguna llegada masiva de cayucos ni están en alarma ni nada parecido, algo que no puede leerse por ninguna parte de la noticia. "El País" nos ofrece una ciudad rebosante de "sinpapeles" donde los centros no dan abasto y donde se cuece una avalancha inminente de pateras.
¿Por qué? Buena pregunta, de nuevo.
Muchos datos demuestran que la inmigración es un fenómeno, de momento, está siendo positivo para la sociedad española. Sin embargo la percepción social hacia la inmigración es la opuesta. ¿Por qué?
Puede ser que lo que asuste a la gente sea el cambio de paisaje urbano, ver tu barrio con otras culturas. La multiculturalidad sigue siendo una gran desconocida en España, algo folclórico de lo que de momento no estamos sacando verdadero provecho. Y es verdad que no todas las comunidades se integran igual y que muchas de ellas resultan raras y poco atractivas para nosotros. Pero de ahí a considerar que tienen menos derechos, media un abismo.
El sociólogo Walter Actis ofrece otra posible explicación al creciente rechazo hacia la inmigración: “Es más fácil describirles como desarrapados y muertos de hambre que nos quitan el trabajo. ¿Por qué no es noticia un inmigrante cualificado y que ha progresado y sí lo es conflictos como Roquetas del Mar o llegada de inmigrantes en patera? Constantemente y sin fundamentos, se lanza el mensaje desde prensa y política de que lo mejor es que los inmigrantes se vuelvan a casa.”
¿Conseguiremos algún día que nuestra sociedad se olvide de esos tópicos y que no se los inculque a sus descendientes, para de esa forma, poder convivir junto a nuestros conciudadanos sin diferenciar color de piel, rasgos, religión, etc...?
Espero que sí...